VLADIMIR LENIN O VLADIMIR PUTIN

20 años después, Putín va o regresa…

En general, Rusia parece ser una excepción sobre los países de la ex Unión Soviética, allí, tras 20 años de la llegada al poder de V. Putín, el uso de viejos métodos del Estado comunista producen interrogantes que sitúan al líder Ruso de estos tiempos, en la ruta del futuro o en medio de un comprometedor retorno al pasado.

El hombre y la historia
Vladímir Vladímirovich Putin, es un prestigioso abogado que llegó a presidente de la Federación Rusa conduciendo un proceso largo de teórico distanciamiento del viejo modelo del todopoderoso Estado comunista, sin embargo, sometido a una serie de controversias internas y presiones externas, una realidad complicada ha ido desdibujando este esfuerzo que conduce y que le ha generado, a pesar de todo, un reconocido liderazgo cuya aceptación ciudadana resultan ser la mejor de las armas para campear crisis que con otro conductor o dirigente, hubieran producido una caída inevitable.

Putín es un célebre personaje que, en buen estilo, cumple 20 años en el poder. Rechaza cualquier comparación con Josep Stalin del que dice estar lejos, aun cuando sus tiempos se asemejan, acapara cada vez más poder en sus manos, usa de la violencia interna y externa para consolidar su liderazgo y no se inmuta al sofocar las reacciones de los grupos opositores con las mismas herramientas de ese Estado que es parte del pasado, pero sobre el que aún pareciera guardar reminiscencias y modales propias del otrora poderoso Partido Comunista.

Hombre de Estado, conduce con mano firme al país más grande del mundo tratando de devolverle la moral que había perdido tras la caída de la Unión Soviética, el comunismo y la cortina de hierro, haciendo verdaderos esfuerzos para recolocar a Rusia como líder en medio de los países más importantes en el concierto mundial de las naciones.

A este respecto, todo parece indicar que Putin pretende sustituir el rol de “eje en el mundo bipolar” por el de “árbitro” en las relaciones con Norteamérica, inicialmente por lo menos en los países donde la URSS tuvo influencia, manteniendo una conducta represiva en el plano interno que le garantice control efectivo sobre el país y naturalmente sobre las fuerzas armadas a quienes ha llevado de la mano en la misma lógica de aquella burocrática, expansiva y ofensiva industria militar y militarista del Kremlin que mantiene hasta estos días produciendo exclusivamente armamento y conflictos bélicos, a diferencia de China, en la que los aires renovadores del siglo XXI han sometido esas mega-industrias también a tareas del desarrollo civil.

Lo que no se puede negar en todo caso, es que Rusia ha vivido sucesivos cambios en medio de procesos y reformas no siempre exitosos, pero que han modificado por lo menos, la manera como se ve el futuro en sus tierras, a pesar incluso, del exacerbado chovinismo guerrero de sus ciudadanos expresado en una peligrosa xenofobia que impide superar la inestabilidad pre-democrática que “evoluciona sin horizonte” en medio de una cultura imperial disfrazada de “intermediación solidaria” que en realidad, es una estrategia para el pretendido avance geopolítico ruso que posterga reclamaciones de bienestar local, justificando intervenciones e incursiones militares millonarias, pero impregnadas de la misma lógica con la que se jugaba a la primacía en el mundo bipolar de la guerra fría.

Todo esto ha provocado serios cuestionamientos a un régimen que alega defensa de libertades y democracia con una mano, pero mantiene la hoz y el martillo autoritario con la otra, tal y como lo prueban las represiones a las manifestaciones populares y la voz de los trabajadores rusos que exigen mejores condiciones laborales, procesos eleccionarios transparentes y una mayor cantidad y calidad de actores políticos y candidatos independientes.

Según lo expuesto, sin definir claramente el rol del otrora Partido Comunista en esta escena, ni la intensidad de las protestas en Rusia, es un misterio para los analistas el cómo Putin logra los niveles de aceptación que tuvo y aún a pesar del descenso, mantiene. Hay quienes sostienen que su ascenso y popularidad en el redil político, tienen un tufo al uso de métodos con los que el PC definía sus sucesiones en el Kremlin.
Como se recuerda, Putín sirvió como agente de la KGB y los servicios secretos, razón por el que las bromas entre los rusos aluden que “este Vladimir, es el mismo Lenin que nos ha gobernado desde la revolución de octubre”.

Con una popularidad que bordeó el 85 por ciento, la insistencia en procurar una imagen “de hombre duro y fuerte” no es casual, es un elemento a tomar en cuenta ya que ha sido usado como fortaleza contra la subversión interna, pero además, también contra la disidencia política justificando reacciones desproporcionadas del gobierno que en esa misma línea, no ha reaccionado igual frente a los niveles de corrupción e impunidad que desde 1999 convierten en inexplicables para la lógica de los derechos humanos, la serie de sucesos que comprometen a funcionarios públicos y militares quienes habrían usado los bombardeos a edificaciones con cientos de víctimas en Moscú y Volgodonsk, tiempo después, en el 2008, en Grozni, la capital de la República de Chechenia con dramáticos componentes xenófobos, la guerra contra Georgia o el anexo recientemente de la península de Crimea, como mecanismos de grandes operaciones de armamento, propaganda y de paso, advertencia sobre su fuerza.

El estilo a confrontado a estudiosos y periodistas que de un lado defienden los logros y del otro se esmeran en ocultar el lado oscuro del régimen liderado por el presidente Putín, quien se ha expresado en contra de un “mundo unipolar”, reiterando la idea de “contar con Rusia para lograr un mundo multipolar”, poniendo en evidencia un juego que prueba no haber superado totalmente esa voluntad imperial que marcó su política exterior por décadas y nos da una mejor idea de la intervención Rusa cuando la Primavera Árabe llegó a Siria y luego la presidencia de Bashar Al Asad pendía de un hilo, escenarios además, en donde el Kremlin aprovechó para enviar sucesivos mensajes a USA sobre su presencia e importancia mundial.

Pero esa es la misma lógica que se ha repetido en Centro y América Latina donde, los casos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, por nombrar sólo los más importantes, han servido de controversia con la Casa Blanca que acusó recibo de las “consecuencias devastadoras para la región y para la seguridad mundial” que producirían las desavenencias insalvables con Rusia y que parecen mantenerse controladas por ambos países, por lo menos hasta ahora.

Una voluntad autocrática que concentra el poder con un peligroso culto a la personalidad como el de las imágenes de los principales líderes del comunismo mundial parece volvernos a los mismos peligros que caracterizaron a la Rusia imperial, luego a la Unión Soviética del primer Vladimir y ahora, a la Rusia de democracia controlada que conduce el nuevo Vladimir.

 

0 Comments

Leave a Comment

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password