¿ORGULLOSOS DE PERDER?

Las opiniones y los ánimos divididos son el marco de una reacción que se explica por los resultados obtenidos por nuestra selección de futbol.

Hay quienes piensan que hemos sido la mejor hinchada mirando Moscú y otros que sostienen que de alguna manera hemos llevado nuestras frustraciones hasta los campos de la expresión colectiva haciendo que, efectivamente, nuestras arengas resulten animadas y gusten al mundo, sin que por otro lado, no podamos exhibir victorias reales que nos permitan encontrar respuestas sobre cómo es que hemos llegado al punto de alegrarnos cuando perdemos y cómo resultamos campeones del aliento que parece faltarle a veces a varios de nuestros seleccionados.

No es esta una visión negativa, la verdad es que hay para todos los gustos. El penal que atajó Gallese a Luis Suárez, borró los cinco goles que le hicieron y entonces volvió a ser el héroe de una tragi-comedia en el que siempre estamos listos para ganar, casi ganamos, o, nos faltó un poquito perdiendo en medio de una lógica a la que Pocho Rospigliosi llamaba coloquialmente, perder con ganas.

El partido Perú-Brasil fue una expresión tangible de o afirmado. Nos llevó de la mano hacía el sueño de un “maracanazo”, del triunfo, del campeonato, pero nadie se preguntó cómo anda nuestros perfil deportivo, si hemos evolucionado y hemos hecho nuestras las técnicas y estrategias necesarias ¿Que ha quedado de la experiencia del profesor Gareca en cada uno de nuestros jugadores? Imposible de definir, ya que por momentos “nos crecemos mucho”, pero en otros, simplemente “todo es nada”.

Queda claro que no hicimos un mal trabajo y que jugamos por momentos muy bien, pero, por momentos. Le paramos el balón al cinco veces campeón del mundo y eso muestra un trabajo bien planteado en el campo, claro, hasta que la genialidad del rival y su antigüedad “que es clase”, lleva el balón hasta “el rincón de las ánimas” de Humberto Martínez Morosini, devolviéndonos a una realidad que se grafica cuando Advíncula pierde la marca de Everton y llegó el gol brasilero pese que el ánimo de los deportistas estuvo a la altura y cumplieron su tarea, pero el rival era simplemente mejor, expresión que habla de un trabajo permanente, de largo aliento y apoyado por el Estado.

Pese lo dicho, yo estoy orgulloso de varias cosas. Orgulloso de quienes en la cancha, en las graderías, o en su casa se colocan con respeto la franja nacional y dan todo de sí, por el éxito. Orgulloso de los compatriotas que acompañan el sentimiento nacional de la selección. Orgulloso de estrellas de verdad como Guerrero que, sabiendo que sus piernas valen millones, anteponen el valor de la peruanidad y juegan al futbol inteligente y criollo que aprendieron en las calles y al que sumaron las técnicas del deporte profesional para hacer los goles por los que yo también grito mi amor por el Perú… pero… falta apoyo al deporte, campeonatos inter-escolares, búsqueda de talentos, trabajo de largo aliento, respeto por quienes se esfuerzan y dedican, rechazo al amarre y al compadrazgo porque, si han sido capaces de volvernos a llevar a un mundial y, tras 44 años terminaron disputando una final de la Copa América, entonces todo es posible, lo demás, digámoslo con firmeza, son tonterías.

“GLS”

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