EL CUA, sigla con las que se conoce habitualmente al Comando Universitario Aprista, congrega a los jóvenes apristas estudiantes universitarios. 
Organiza su actividad a efectos de alentar su organización al interior de las universidades para darle impulso a labores de naturaleza cultural, académica, social y deportiva.

Por su esencia y perspectiva, su antecedente fundacional esta situado entre los años 1934 y 1935, aun cuando la primera Convención Nacional Universitaria data del año 1950.

No escapa al criterio común que la organización de los universitarios apristas constituye una fuerza beligerante en la defensa de los derechos de los universitarios, la gratuidad de la enseñanza, la lucha sin concesiones contra toda forma de corrupción y en defensa de sus conquistas.

Siendo que las universidades son un espejo de la realidad social que las alberga, y que en su seno no sólo se produce violencia o violentismo radical, las falanges juveniles estudian, investigan y se preparan en tanto resisten, resurgen y combaten contra la crisis y los anacrónicos modelos individualistas de “instrucción pedagógica” que se les impone, frente a los que consagran, nuevos conceptos de educación y universidad más democrática, tolerante, científica y abierta a los cambios de la modernidad y la globalización de la ciencia y la tecnología, pero también popular porque, aspira a dotar de las mismas oportunidades de formación y éxito a todos los peruanos sin distingos ni diferencias de ninguna clase.

La historia del CUA esta íntimamente ligada a las jornadas de lucha del movimiento popular. Desde el 23 de mayo de 1923, con la muerte de Salomón Ponce y Manuel Alarcón Vidalón, estudiantes y obreros vincularon dicha fecha, en la quedó sellado el pacto de solidaridad y hermandad a través del gran Frente Unico de Trabajadores Manuales e Intelectuales.

El movimiento estudiantil universitario ha tenido una historia larga y hermosa. Dos ejemplos son puestos de relieve a través de la presencia y el respeto al martirologio de Marco Antonio Ayerbe e Isaías Bravo Flores, jóvenes estudiantes caídos en la lucha por la defensa de la autonomía universitaria, la libertad de cátedra, tacha y las conquistas de la reforma que desde 1918 nos legó la gloriosa FEDERACIÓN DE ESTUDIANTES DEL PERU (FEP) presidida por Víctor Raúl Haya de la Torre.

Ese ejemplo glorioso es el que hace que diversas organizaciones gremiales universitarias como la ALIANZA REVOLUCIONARIA ESTUDIANTIL (ARE), sea, una expresión real y honesta de trabajo de los militantes apristas en las universidades y una agrupación en la que confluyen amigos, simpatizantes y estudiantes, que ven en su accionar la valentía y la dedicación puesta al servicio de un nuevo tipo de universidad.

Cada centro universitario plantea retos y perspectivas diferentes, por lo que cada Comando Universitario goza de una necesaria autonomía en el análisis y discrecionalidad en el desarrollo de los trabajos propuestos, atendiendo que es el Comando Nacional Universitario Aprista el que coordina la relación entre los diversos comandos y apoya el éxito de su gestión.

Los universitarios en general, y los apristas en particular, no son actores aislados de la realidad social. Por ello su compromiso con las luchas del pueblo ha sido generalmente mal entendida y dado su ímpetu y desenfado, acusados y perseguidos injustamente.

Labores de proyección social muestran sin embargo, el otro rostro poco difundido de la naturaleza del trabajo aprista en las universidades. Asesoría jurídica, consultorios de prevención de la salud, jornadas de diversos tipos (incluyendo los psicológicos) tan necesarios en tiempos de stress y depresión, o de procuración y apoyo administrativo para saneamiento de trámites diversos ante entidades publicas – todo absolutamente gratuito-, y que constituyen una hermosa respuesta a la crisis, pero también, a los infundios y acusaciones que contra los universitarios se han efectuado, pero que caen por su propio peso.

Su instancia máxima de representación es la CONVENCIÓN NACIONAL UNIVERSITARIA APRISTA que se reúne periódicamente para evaluar el trabajo realizado y pronunciarse sobre la problemática específica de los diversos centros de educación superior, la legislación que la rige, el comportamiento de sus autoridades y planificar la labor social de apoyo a los que menos tienen.

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