Tiempos de libertad y modernidad

rotativaYa en tiempos de libertad, “LA TRIBUNA” se mantuvo inhiesta bajo las banderas de un aprismo secular que defendió siempre y sin concesiones la libertad y la democracia.

La Tribuna Mantuvo una estructura empresarial creciente y responsable, pudo construir sus propias instalaciones y hasta obtuvo su propia prensa rotativa.

Su consolidación empresarial en marcha, fiel a su espíritu cooperativo, pronto le permitiría convertirse en una empresa de accionariado difundido y sus trabajadores, decidieron “reinvertir sus salarios y ganancias” adelantándose a lo que con el tiempo se conocería como Comunidad Laboral.

Sin embargo, LA TRIBUNA pagó caro su adhesión al aprismo soportando que a las viejas mañas de la requisa y la burda intervención, se sucedieran formas mucho más elaboradas de asalto y robo para acallar su voz, la voz del pueblo.

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Registro gráfico de una de las “intervenciones” al local del diario LA TRIBUNA

Intereses diversos bloquearon su desarrollo financiero por largos períodos en los que le era muy complicado por ejemplo encontrar financiamiento bancario para la adquisición del stock de insumos.

Por otro lado, se incrementaban arbitrariamente, sin justificación y exclusivamente para ella, el valor de los repuestos, insumos y fundamentalmente el papel.

Los responsables de los tributos “escarbaban” todo lo que podían a fin de “encontrar la razón de un cierre empresarial” sin que pudieron doblegar su vocación periodística ni su lucha por la verdad y la justicia.

El aprismo alentó y defendió este proyecto, porque esa es la esencia de su identidad y acaso, como en las viejas formas de la tradición popular, la manera más objetiva de hacer nuestra propia historia, registrando siempre la verdad.

En tiempos más recientes, el mismo énfasis puesto por Haya en el proyecto original de LA TRIBUNA, tras una importante y exitosa campaña desarrollada por la Empresa Editora El Pueblo S.A., reuniendo sol tras sol, una rotativa fue adquirida e instalada en el Edificio “Chavín”, edificación de varios pisos, propiedad de los trabajadores-accionistas que fue ejemplo en su tiempo de innovación inmobiliaria y arquitectónica.Pese a todos los obstáculos, LA TRIBUNA funcionaba con muy buen pronóstico empresarial, hasta el momento en que se produzco el golpe militar del general Juan Velazco el año 1968, momento desde el cual, se comenzó a montar una serie de maniobras tendientes a silenciar al periódico.

Una deuda fraguada que inventó una camarilla dirigencial comunista enquistada en el Banco de la Nación, trabó un ilegal embargo que hizo que los bienes de La Tribuna, terminaran transitoriamente en los talleres del diario oficial El Peruano y luego en el Colegio Militar Leoncio Prado.

Nuevamente, intereses diversos bloqueaban la posibilidad que el pueblo se expresara tal como había sucedido por períodos enteros en donde se buscaba “encontrar la razón de un cierre empresarial”, para así, doblegar su vocación periodística y su lucha por la verdad y la justicia.

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Armando Villanueva acompañó a LA TRIBUNA en su XI etapa. Sus contribuciones fueron elementos que enriquecieron su línea editorial y el apoyo a su Director, sustancial para mantenerse Firme en la Izquierda Democrática.

La historia registra todo este nefasto episodio de violación de las libertades, como el inicio de un hecho mayor a partir de aquel momento, la total confiscación y la intervención de los medios de comunicación privados por parte del Gobierno Militar que sólo un tiempo después del despojo de LA TRIBUNA, volvió contra los propietarios de los demás medios de comunicación que habían guardado silencio frente al atropello.

Pese a todo, bajo el mismo aliento de los primeros días y sorteando quien sabe, las mismas estrecheces, “sin más capital que unos cuantos soles y un millón de esperanzas”, cual ave fénix,“LA TRIBUNA” surgió y resurgió a través de once etapas de circulación, grande y firme, llegando a los hogares de hombres libres, en los gremios y las organizaciones del pueblo, con el mismo mensaje de aliento y con la exigencia de “Pan con libertad” que Haya de la Torre proclamó frente a la dramática realidad de millones de compatriotas excluidos desde 1924.

Ya en el año 1980, tras la devolución de los medios a sus legítimos propietarios por parte del gobierno de Fernando Belaunde, La Tribuna no fue comprendida en el compendio de normas legales que regularon estos procesos y hasta fecha pende este despojo, como el de “Radio Continente”, también de propiedad del Partido del Pueblo,  como un lastre en la historia de la libertad de prensa en el Perú.

Sucesivos proyectos permitieron que La Tribuna circulara esporádicamente hasta el año 2004, en que volvió a las calles de la mano con su portal en internet, manteniéndose ininterrumpidamente hasta el año 2010, en la que por causas inexplicables apareció el último número de su XI etapa.

“La Tribuna” fue pionera en el ejercicio de una libertad sin restricciones, pero fue también piedra angular en la incorporación y el uso de las modernas herramientas de la tecnología, y el desarrollo de las ciencias de la comunicación.

El mismo año en el que volvió a circular, apareció también en su nueva plataforma website, a través de su portal que en poco tiempo registraba más de un millón de visitas.

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 Primer número de la XI Etapa

Era la modernidad y una forma distinta de  hacer aprismo en las aún inciertas e infinitas redes del ciber/espacio. Por eso “La Tribuna Virtual” fue otro referente influyente y sirvió de vehículo de interacción, en principio entre los apristas del Perú y del mundo, pero también, hacia sectores no apristas que encontraron en otro proyecto de La Tribuna, “la hora del Pueblo”, trasmitidas por las ondas de la Frecuencia modulada de la radio, una opción digna de mencionar y ponderar.

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Desde 1931 a la fecha, e invocando la presencia de Haya de la Torre y la generación fundadora, el equipo que produce LA TRIBUNA, en sus versiones escrita, radial y web, rindieron tributo con su dedicación y esfuerzo, a quienes hicieron posible la existencia y persistencia del más importante medio de comunicación que han tenido los pobres en el Perú.

Como en las viejas formas de la tradición popular, como la más objetiva manera de hacer nuestra propia historia, registrando siempre la verdad, sorteando cada una de las agresiones, cada ejemplar, cada voz trasmitida por radio, cada visita en su portal del Internet, constituye el mayor, mejor y más significativo homenaje al legado de hombres de la talla del maestro Víctor Raúl Haya de la Torre, el inspirador de esta magnífica y gigantesca obra, asó como Manuel Seoane y Luis Alberto Sánchez, su primer director y co director respectivamente.

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