La suerte del proyecto y la confrontación con «EL COMERCIO»

tri-4tru-3Como toda obra humana, “La Tribuna” pese al éxito inmediato, necesitó tiempo para consolidarse. Su suerte corrió en paralelo con la del aprismo auroral, pudo circular en esta primera etapa sólo 289 ediciones ya que el 15 de Febrero de 1932 sufrió su primera clausura por parte de Luis M. Sánchez Cerro acusada de haber inaugurado un tipo de “periodismo político que subvertía a los pobres” aludiendo así, a un estilo que pronto se convertiría en el instrumento más eficaz que medio de comunicación alguno haya concretado para sintonizar con las expectativas ciudadanas.

La organización del diario se fue consolidando y al ser elegido miembros de la Asamblea Constituyente algunos de sus principales redactores y directivos, sus emolumentos pasaron a formar parte del capital societario por lo que en diciembre del mismo año, lograron producir el primer ensayo de comunidad industrial, haciendo partícipe de las aún exiguas utilidades, al personal de redacción y de los talleres.

periodismo

El éxito de La Tribuna responde a la naturaleza de su estructura independiente y a su misión: contraponerse a la entonces caduca visión de un periodismo servil con rostro frívolo que imponía “El Comercio. La Tribuna “llegó a todos lados” gracias a la sorprendente distribución confiada entonces a un viejo automóvil “Roadster” que conducía Jorge Carcovich.

la-tribuna-193Las páginas pomposas de “El Comercio”, llenas entonces de finos y exquisitos potajes que reportaban suntuosos e inalcanzables ágapes elitistas, eran confrontados por el nuevo tabloide que, en páginas completas de información viva sobre la calle, sobre la vida cotidiana de la gente y la narrativa de una increíble organización popular y sindical, proponía una manera diferente de informar, estilo que tuvo en Arturo Sabroso Montoya y Luis López Aliga a dignos exponentes.

El cuerpo principal de redactores estuvo integrado por Serafín del Mar, Manuel Solano, Pedro Reyes Zeña, Hugo Otero, José Diez Canseco y el poeta Alcides Spelucín. También participaron Manuel Trujillo, Ramón Velasco, Carlos Fernández Rivas, Bernardo García, Domingo Biasevish, Oswaldo Dancourt, Víctor Polay y José Melgar Márquez a quienes se sumaba Carlos Casterot Arroyo, un experto en crítica de teatro, Plácido Galindo y Carlos Lassus que escribían sobre deporte, Alejandro Gonzáles y Elodoro Martínez dibujantes, así como José Avilés sobre quien reposaba la responsabilidad de la fotografía.

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